Muchas veces no se tienen claras las funciones del productor en la creación de un contenido audiovisual. De hecho, para el público en general, la figura del productor pasa inadvertida. Pocos son los que reparan en su importante labor para que una producción audiovisual vea la luz y salga adelante.

La Real Academia define al productor como aquel sujeto “que, con responsabilidad financiera y comercial, organiza la realización de una obra cinematográfica y aporta el capital necesario”. Igualmente, el ordenamiento jurídico español[1], en una de sus formulaciones más importantes, considera al productor como “el empresario privado que tiene la iniciativa y asume la responsabilidad económica de la “fabricación” de la película y es titular de los derechos de proyección o exhibición pública de la misma, sin perjuicio, en todo caso, de los derechos que pueden reservarse los autores, que no se pueden ceder en ningún caso”.

El término productor se usa para varios puestos completamente diferentes en el proceso de producción y en el organigrama clásico de una empresa audiovisual. Los dos puestos más importantes que incluyen la palabra productor y que no conviene confundir son: productor y productor ejecutivo[2].

Productor, es el promotor del proyecto y el dueño del negativo y de todos los derechos de la película. Para que nos entendamos, es el que arriesga el dinero. Tiene capacidad de decisión sobre qué película quiere hacer y en algunos casos, dependiendo del contrato que haya firmado y de la legislación de cada país, tiene capacidad incluso de tomar decisiones en relación al montaje final de la película, pudiendo hacer valer su opinión sobre la del director.

Productor ejecutivo, es contratado por el productor para que lleve a cabo diversas acciones en relación al desarrollo, búsqueda de financiación, distribución, etc. Habitualmente cobra un porcentaje del dinero conseguido gracias a su actividad o un porcentaje del presupuesto total del proyecto. El productor ejecutivo busca la financiación y también la administra y gasta. No es propietario de la obra o puede serlo con un porcentaje muy bajo si es el que ha aportado la obra al productor.

Muchas veces, las dos figuras anteriores se funden en una misma que asume todas las responsabilidades, ejecutivas y económicas. Otras veces son dos figuras que colaboran de acuerdo con la estructura de producción en la que estén incorporados.

La figura del productor en una obra audiovisual es tan importante como la del propio director, o incluso más. Es quien tiene la visión global del proyecto. Intenta ensamblar arte e industria en su justa medida, creando un producto donde se plasmen inquietudes artísticas, las del director y las de todo su equipo y que, al mismo tiempo, cumpla con las normas del mercado, las obligaciones adquiridas y las expectativas creadas: duración, formato, calidad técnica y audiencia.  Nos referimos al productor que adquiere un fuerte compromiso con la obra, al que le da una dimensión con el talento adecuado y consigue su financiación. Es un productor participativo, en contraposición a los productores-inversores con una función puramente financiera. La labor del productor participativo es acompañar y velar por cada una de las fases de la realización de la película, cortometraje, documental o contenido, desde el concepto, pasando por el desarrollo, la preproducción, la producción, la postproducción y el marketing, hasta encontrar su máximo desarrollo comercial, como producto-contenido en sí mismo o como obra audiovisual de apoyo a otro interés mayor.

El productor es una especie de todo terreno que tiene que dar soporte para que el director pueda expresarse y que, a la vez, tiene la enorme responsabilidad de ser el dueño y gestor de la obra a todos los niveles. El productor tiene un doble objetivo: localizar y gestionar el talento creativo y técnico para el proyecto y buscar los recursos para transformarlo en un contenido audiovisual acorde con los gustos e interés del mercado o cliente. Ambos objetivos deberán dar como resultado una obra de calidad, en términos artísticos y/o comerciales.

El productor ha de destilar en el equipo inspiración, confianza y seguridad. Además, debe tener sensibilidad para dejar hacer al director-realizador y no interferir en su creatividad, pero a la vez mantener los preceptos industriales y de coste del producto y del proyecto.

 

Elaboración propia

El campo de trabajo del productor es tan amplio como lo es el de las relaciones interpersonales. La industria del contenido audiovisual como cualquier empresa artística o industria del entretenimiento es una industria de egos y éstos suelen estar habitualmente en pie de guerra. Nada fácil de manejar. Diría incluso que el talento es uno de los temas más difíciles de manejar en una producción. En suma, el productor es la figura central de todo proyecto y como decía David O. Selznick “Yo entiendo que mi tarea como productor es ser responsable de absolutamente todo”.

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Paco Rodríguez fundó en 1990, PPM Multimedia donde pasó diez años trabajando en la distribución internacional, la financiación de coproducciones y en la producción ejecutiva de varias series de animación. Fue productor ejecutivo de varias series y siete largometrajes y director de Filmax Animation. Dirige actualmente Media Training & Consulting, empresa dedicada a la formación y la consultoría del sector audiovisual y cinematográfico así como de contenidos digitales.

[1] Art. 1.7. del Real Decreto 1282/1989, del 28 de agosto (Ley de Propiedad Intelectual, 22/1987, del 11 de noviembre, título III)

[2] Estas definiciones tienen el significado contrario en el mercado americano, donde el Executive producer corresponde al productor y el Producer al productor ejecutivo.