coproducción

Coproducción: cuando el productor se transforma en equilibrista.

Al momento de coproducir, lo puedes hacer por la vía oficial o por la vía no oficial. Es una decisión importante porque te llevará a recorrer diferentes caminos. Cuando la coproducción internacional está dentro de los tratados o convenciones, y es oficial, las productoras obtienen automáticamente la doble o triple nacionalidad de la película y, de ese modo, la posibilidad de solicitar fondos públicos, ayudas y subvenciones regionales y nacionales de cada país coproductor. Se puede acceder también a los fondos públicos supranacionales (Media Creative, Eurimages, Ibermedia, etc.) para completar así el presupuesto de producción.

Es altamente recomendable mantener un equilibrio entre las nacionalidades tanto en lo que respecta al talento (guionista, director, compositor, etc.), como al casting y al equipo técnico (cámara, postproducción, etc.). La aportación de cada coproductor, en cuanto a personal creativo, técnico y artístico, intérpretes e instalaciones será proporcional a su inversión. Es decir, implicará necesariamente una participación técnica y artística efectiva.

Para tener más detalles sobre las formas de regulación de las coproducciones oficiales, sugiero visitar la web del ICAA en el apartado coproducciones[1]. Si vas a coproducir con algún país concreto, te recomiendo averiguar la existencia de un tratado bilateral con el país de destino y en caso contrario analizar si puedes acogerte a la Convención Cinematográfica Latinoamericana de Coproducción Internacional Multilateral[2] o a la Convención Cinematográfica Europea de Coproducción[3].Puede darse el caso de que un productor extranjero aporte simplemente una cantidad económica pero que no sea calificado como coproductor, o que siéndolo, la coproducción no sea considerada de la nacionalidad de su país.

 

La coproducción internacional tiene la ventaja de que la producción de la obra audiovisual se hace por personas profesionalmente establecidas, que conocen bien los diferentes países o mercados en los que se explotará la misma y que pueden solicitar el beneficiarse de la condición de “obra audiovisual nacional” (y, por tanto, recibir ayudas y subvenciones) en los diferentes países de los coproductores.

Tiene el inconveniente de su mayor complejidad tanto a efectos prácticos (diferencias de idiomas, formas de pensar y trabajar, diferencia culturales y religiosas, diferencias horarias, metodologías diferentes, softwares diferentes gustos, censuras, autocensura, humor, distancia física, etc.) como jurídicos (los diferentes sistemas jurídicos y contables tienen que armonizarse).

En numerosas ocasiones, la falta de recursos para realizar en un mismo lugar todo el proceso de creación de una producción ha llevado a las productoras a confiar parte de la misma a otra empresa, subcontratando parte de la producción como estudios de servicios. En particular, se ha producido una creciente colaboración entre las productoras y estudios europeos, lo que reduce los costes de producción.

Las coproducciones permiten a las productoras dividir la financiación, ya que por norma general cada socio es responsable de recaudar el dinero en su territorio y gastarlo en la parte de la producción que asume sin que salgan montos dinerarios hacia el país de destino del coproductor. Más aún, es usado regularmente para tener acceso a los sistemas públicos de ayuda de cada país. No obstante, estas coproducciones conllevan ciertos problemas y complejidades a la hora de la coordinación.

 

En lo que atañe a España, nunca ha sido más necesario coproducir para las productoras españolas. La producción de películas ha ido bajando durante la crisis. El presupuesto medio de estas producciones en España desciende sin parar desde los 3 millones en 2009, a los 2,5 millones un año más tarde, 2,2 millones en 2014, para llegar a los 1,6 millones del pasado año, o a los 1,5 millones de este 2014, año en el que tan sólo un bajo porcentaje de las obras cuentan con un presupuesto alto, a partir de 5 millones de euros. Si miramos hacia América latina, los presupuestos medios de producción se sitúan entre los 200.000 US$ (bajo) a un máximo de 2 millones de US$ (alto).

 

Esto nos coloca cada vez en peor situación para competir en un mercado dominado por producciones de otros países (incluso europeos) donde los presupuestos de producción son notablemente mayores. Con lo que en España se produce un largo, en Francia, Reino Unido o Alemania sólo podrían producir un capítulo de una teleserie.  Esa nueva posición de debilidad implica un cambio drástico en la política de financiación de obras audiovisuales y cinematográficas españolas para recuperar su posicionamiento a nivel internacional. Necesita urgentemente poner en valor sinergias y cooperación tanto creativa como industrial. Es cierto, no se puede cuestionar, que el escenario legal y financiero que rodea la producción cinematográfica en España en este momento apunta a la salida al exterior por parte de productores y creadores españoles para levantar proyectos. Pero eso implica encontrar los temas y los enfoques “coproducibles”, como por ejemplo el conocimiento común de los creadores, la viabilidad real de los proyectos en coproducción dentro de los marcos legales y las situaciones financieras entre países, la actitud del público local y de los países de destino. Todo un conjunto de factores que hay que alinear para cada uno de los proyectos que abordes en coproducción.

 

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Paco Rodríguez fundó en 1990, PPM Multimedia donde pasó diez años trabajando en la distribución internacional, la financiación de coproducciones y en la producción ejecutiva de varias series de animación. Fue productor ejecutivo de varias series y siete largometrajes y director de Filmax Animation. Dirige actualmente Media Training & Consulting, empresa dedicada a la formación y la consultoría del sector audiovisual y cinematográfico, así como de contenidos digitales.

 

[1] ICAA: http://bit.ly/2tpzy9I

[2] CAAI: http://caci-iberoamerica.org/

[3] BOE: http://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-A-1996-25830

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